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Una mamá en la Academía Básica del Aire por Miriam Martín

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Una mamá en la Academía Básica del Aire por Miriam Martín

Hace algunos años me planteé entrar en el Ejército, mejor dicho en el Ejército del Aire; así qué ingresé con muchas ganas de conocer la vida militar y bastantes planes de futuro. He de confesar que el dicho de que en el Ejército del Aire el tiempo vuela se cumple a rajatabla, pues recuerdo como si fuera ayer mi paso por la ESTAER, recuerdo planear mi vida dentro del Ejército: “a los tres años me presentaré a la Básica, aprobaré y me dedicaré a viajar…” claro por aquel entonces tenía muy claro que iba a entrar en la Básica fuese como fuese. Pues sí, a los tres años me presenté, pero dentro de aquellos planes tan maravillosos que había hecho en el pasado no entraba un condicionante que no esperaba tener y que era más importante para mí que ser Suboficial, algo tan grande que me frenaba y me hacía pensar que no aprobar la convocatoria era la mejor excusa para: estar con mí bebé. Los días que pasé en León separada de mi hija sólo hacía que preguntarme qué hacía allí, y tonta de mí esperaba encontrar respuesta; os contaré que después de tres años alguna que otra vez me lo sigo preguntando, con la diferencia que ahora tengo respuesta: “QUIERO SER SUBOFICIAL”. Bueno, esto lo tuve claro la segunda vez que me presenté a la convocatoria suspendí, confieso que me hice la remolona para no aprobar y de hecho sentí un gran alivio cuando caí en los 50 metros, pude después de casi una semana en la Básica respirar a gusto y disfrutar de León con mi familia.

Todo era maravilloso para mí, volvía a casa con mi marido y con mi hija, pero cuando llegué a mi destino, El Negociado de Tropa, vi como compañeros y amigos míos iban a ingresar en la Básica y pasaban delante de mis narices a despedirse, y yo, iba a seguir allí viendo pasar el tiempo y sin hacer algo que realmente quería hacer, sentí envidia de ellos y se despertó en mí el orgullo necesario para pensar que si ellos podían yo también.

Ahora mí bebé ya era una niña de cuatro años y ya le podía explicar porque su mamá se marchaba lejos: “María, mamá se va a un ‘cole’ parecido al tuyo pero no sabe cuándo va a poder salir de él, pero en cuanto pueda voy a venir a verte o tú vas a poder venir a verme y te enseñaré mi ‘cole’…”, sencillo ¿no? Pues a mí hija se le encendió la bombilla y me hizo preguntas que no sabía muy bien qué contestar, opción: “hija mamá va a ganar dinerito para poder llevarte a Eurodisney.” ¡Bendita inocencia! se sentía la niña más afortunada del mundo.

Pasó el tiempo y llegó el tan esperado día uno de septiembre; me preparo para la despedida, y mi hija también, pero para despedirse de su padre: “papá, cuando lleguemos a León te llamamos, me voy al ‘cole’ de mamá”, entre sollozos y algo enfadada convenzo a mi hija y la saco del coche, compañeros ¡eso sí es duro!

Cuando llegué a León y escuché a mis futuros compañeros de batallas contar sus penas, sentí que no era más desafortunada que ellos, porque todos se habían tenido que despedir de maridos, esposas, novios, novias, bueno una larga lista de personas que importan y recuerdas cuando no tienes una hija y lo que te dolía despedirte de tú novio; porque la verdad no se sabe cuánto duele un hijo hasta que no se tiene.

Lo más grande de esta historia es lo que sentí cuando después de casi un mes sin ver a mi familia, después de pasar por Botiquín y de no tomar, en ocho días, nada más que un horrible líquido naranja, el cual odio; después de alguna que otra “generala”, me perdí muchas y me da rabia no haber estado allí, debo ser masoquista o muy aguerrida; después de alguna cosilla más vi la sonrisa de mi hija y sentí su abrazo, ¡todo lo malo se había olvidado y mis pilas estaban recargadas para el resto del año.!

Ella por su parte me confesó que mi ‘cole’ no le gustaba porque todo el mundo estaba enfadado, le pregunté que por qué decía eso y su respuesta: “pues porque todo el mundo grita”.

Quiero agradecer a mis niñas de la “nave 12” su apoyo y comprensión, soy muy pesada, lo sé, pero hablando de María la siento más cerca. Al personal del Botiquín de la ABA, gracias por su maravilloso trato. A mis “frikis” preferidos, informáticos ¡sois los mejores! Y a los demás compañeros que me dan ánimos, gracias.

En especial al Sargento 1º Sancho, por buen compañero, mejor amigo y excelente marido, sin ti mi sueño no sería posible.

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