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Presentación del teniente David Neira Rodriguez

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21/04/2009

Presentación del teniente David Neira Rodriguez

Cuando era muy pequeño, apenas con 12 años, recuerdo perfectamente el día que volví a casa y le dije a mi madre que de mayor quería ser piloto de combate. Pude ver en su sonrisa una señal de complicidad. Quizás fue una idea que me vino a la cabeza como a miles de niños les ha venido alguna vez. Desde entonces nunca dude, nunca tuve otro objetivo y nunca pensé en otra posibilidad. Oriente mis estudios correctamente y en el año 2001 ingrese en la AGA encuadrado en la 57 promoción de la Escala Superior de Oficiales. Ese mismo año, antes de ingresar en la academia, el destino hizo que con la OJE (Organización Juvenil Española) realizase un campamento de verano en la sierra del Burete Murciana, donde conocí al a uno de mis mejores amigos, con los que durante toda mi etapa en la Academia, compartimos nuestra pasión por las montañas y la escalada.

En 2005 y tras mucho esfuerzo, obtuve la calificación necesaria para realizar el curso de Caza y Ataque en Talavera. Ese mismo verano, mi amigo y yo nos embarcamos en nuestra primera experiencia alpinística fuera de nuestras fronteras: La Cordillera Blanca del Perú, donde sometimos nuestros cuerpos por primera vez a la severidad de la altura durante mas de dos meses, escalando 7 montañas de hasta 6.300 metros y donde hicimos grandes amigos, uno de los cuales me acompañara en esta aventura del Himalaya.

En 2006 superé con éxito el 93º curso de Caza y Ataque. Había cumplido el sueño de mi vida: convertirme en piloto de combate. Salí destinado al Grupo de Escuelas de Matacán volando C-101 aviojet., volví a Sudamérica, pero esta vez a la Patagonia (Argentina), donde conocí una tierra espectacular, y también explore la convulsa isla de Islandia.

En 2007 el gusanillo por las altas cumbres había medrado en mi interior tras la intensa experiencia en Perú. Esta vez encaminamos nuestros ojos a los altos volcanes de Ecuador, donde escalamos difíciles montañas como los Llinizas o el Chimborazo. Recuerdo que durante este viaje, nuestras conversaciones versaban sobre aventuras a lo largo y ancho del mundo, con escaladas más difíciles y con montañas más altas: las más altas del mundo. Volvía a tener un sueño!

A comienzos del 2008 tuve la suerte de conocer a dos grandes alpinistas profesionales españoles: Ramón Portilla y Juanjo San Sebastian, especialistas del programa "Al filo de lo Imposible" y afamados Himalayistas. Ellos me invitaron a acompañarles en una preciosa escalada en el centro de África. El objetivo era el Rwenzori, la punta mas alta del macizo de "Las montañas de la Luna" en la frontera entre el Congo y Uganda. Esas montañas de más de 5000 metros albergan los glaciares que abastecen los primeros torrentes que forman posteriormente el río Nilo. La aproximación por una de las selvas más espesas del mundo y donde todavía se refugian los últimos gorilas de montaña fue una intensa experiencia, culminada con una bonita escalada. Cuando tomaba el avión hacia la Republica de Uganda me confirmaban que optaba a una plaza como piloto en la base de Morón para volar el Eurofighter. Había alcanzado mi máxima aspiración profesional.

Había que plantearse otro reto, otro objetivo por el que luchar cada día. Rescaté mi idea de afrontar una de las grandes montañas de nuestro planeta y comencé a darle forma. Tenía ya amplia experiencia en montañas de 4000, 5000 metros, pero apenas había escalado dos montañas de 6000 metros. Me propuse ascender al Aconcagua, la montaña más alta de América, con casi 7000 metros en solitario. En Enero de 2009 y en apenas 7 días alcance el techo de América y varias cumbres adyacentes. Me convencí de que estaba preparado para intentar alcanzar uno de los colosos del Himalaya. Lo que venga por delante ya es cosa del destino...

Quiero destacar de todo este "cuento" que el Ejercito del Aire ha sido el "hada madrina" de mis sueños. En primer lugar ha hecho realidad mi sueño profesional hasta donde ni yo mismo hubiese imaginado, pero además ha forjado mi carácter y me ha enseñado que con esfuerzo y sacrificio todo es posible si uno se lo propone. Me ha mostrado el mundo, me ha dado madurez y ha inculcado en mi ese coraje y valentía necesarios para lanzarme a este gran reto deportivo.

Teniente Neira

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