www.ejercitodelaire.mde.es
Url del EA

Menu Principal

Inicio > Cultura aeronáutica > Rincón del aviador > Artículos > Los buenos también se enfadan (Autor: comandante Rafael Hernández Maurín)

SubMenu

Los buenos también se enfadan (Autor: comandante Rafael Hernández Maurín)

El piloto de caza está estereotipado en su concepción. Cuando alguien se imagina uno, cuando menos ve un tipo bajo, fornido, de cuello ancho, y agresivo, orgulloso, chulo (con mala uva).

No siempre es así.

Conoció a Pacopas hace unos milenios, en la Academia, en los bares, en la primera Unidad a través de varios monoplazas, en la vida de piloto. Cuando cualquier mortal ve a este individuo de proporciones “amplias”, ve casi dos metros de armario ropero, más de cien de peso, un pie del 50 sobre el que sería posible aterrizaje STOL, un brazo de dimensiones de pierna a prueba de fallos de compensador, un apetito que permite tres cenas en poco margen de tiempo…, y un carácter benigno, pues la Naturaleza crea estos individuos acordes a la no extinción de la especie. Este aspecto amedrentador que hace parecer al piloto tipo un hijo suyo, desde el principio encuentra dificultades para una profesión de se desarrolla por lo general, dentro de la lata de sardinas que supone la cabina de un caza. Las limitaciones en cuanto a peso de los asientos eyectables, las distancias reducidas entre las piernas y la palanca de mando en algunas aeronaves, que no permiten deflexiones a tope de las superficies aerodinámicas…arrojan mil y una anécdotas. De cualquier modo la posición de los pedales prácticamente en la caja del radar, hacen adivinar quién pilotó ese avión antes que un normal.

Pero la calma se vuelve tempestad si se insiste…

Volaban por el mar de Alborán en una misión al Sur de Granada. Uno contra dos, el hombre grande “singleton” en bloque alto sigue las indicaciones del controlador de interceptación que por aquel entonces para aeronaves que sólo contaban con el sensor visual, se convertía en radar, alertador de amenazas, y punto dos de la formación. Los ha visto casi a dos millas van en “spread”, ellos le encaran y el solo, aprovechando su mayor energía potencial (casi 4.000 pies por encima), intenta colocar a los dos para que evoluciones por el mismo lado de la cúpula. Es un movimiento básico para que con la misma posición de la cabeza pueda mantener a los dos controlados. La pareja se intenta abrir para hacer “pinzas”, cambian altura, rumbo. Él ahora en desventaja pega un tirón, para subirse a la “azotea” y; no puede ser: una luz roja, ¿ROJA? en cabina, es de FUEGO. De forma automática, corta motor, grita “knock it off – luz de fuego”; la luz ha desaparecido. Mientras pone rumbo a tierra firme, ejecuta el procedimiento y hasta este momento, en el que no había reparado que alguien volaba en la cabina de atrás, nota que ese alguien intentaba decirle algo. Él no lo atiende, está a lo suyo. La pareja ya está comunicando con el Control para abrirle el camino hacia la Base Cuando parece que todo está dentro de márgenes, da crédito a lo que el piloto de la cabina de atrás le está diciendo, y es que al parecer el “backseat pilot” en medio del tirón, casi en invertido para no perder la visual con los contrincantes, con el motor a “taco”, le ha dado por ¿probar la luz de fuego?; sí: ¡probar la luz de fuego!

Cuando aterrizaron, después de decir por radio que todo se había arreglado. Lo esperó en el aparcamiento al apearse del aerodino. Lo que vio no era apto para menores, un individuo de proporciones de los Ángeles Lakers, muy enfadado con un mortal, que aunque jefe (con poca experiencia), no se sentía las piernas y adivinaba el final de sus días; en el aparcamiento, a pie de avión. Nunca antes lo habían visto así, pero esa vez fue suficiente para comprender por qué la Naturaleza había producido tamaño individuo tranquilo, paciente…por ahora.

Buena caza y cuidado con “las agüitas parás”

Pilotos

Menu Secundario

@ Copyright 2013, Ejército del Aire