Rodaban por una calle de rodaje estrecha y tortuosa, entre un bosque espeso que escondía de miradas extrañas los refugios de los cazas y el resto de instalaciones. Era la típica base aérea de centro Europa construida durante la Guerra Fría; una de tantas en las que aviones de combate, dispersos para sobrevivir al primer ataque, esperarían su turno para despegar contra las oleadas de Migs y Sukhois procedentes del Este.
Típico también era el clima. 300 pies de techo, con una lluvia fina pero constante que empezaba a disolver la nieve acumulada durante los últimos días.
Mientras aguardaba su turno detrás de cuatro Tornado GR-4 y unos cuantos F-16 MLU repasaba la misión: despegue, salida instrumental y rumbo al Mar del Norte; reabastecimiento de un KC-10 holandés; esperas al Sur de Londres mientras se reúne el paquete de ataque; ruta a media cota hacia un objetivo cerca de Escocia y vuelta al continente. Las horas perfectamente anotadas en el Log, puntos de ruta, combustibles mínimos (hoy habría que llevar un ojo extra en el aforador), tácticas aire-aire y perfil de ataque… Todo allí escrito, en un jeroglífico sólo inteligible por el que está acostumbrado a volar en cabinas estrechas, donde toda la misión se comprime en 30 centímetros cuadrados de espacio en blanco sobre la ventana del piernógrafo.
Alineó en su banda, con el punto de su formación a la derecha… La pista delante de él parecía una montaña rusa, con pendientes positivas y negativas enlazadas. Cuando torre le autorizó a despegar seleccionó post-quemador y contó mentalmente los 2 ó 3 segundos que tardaría en sentir esa “patada” simétrica, el empujón que confirmaba la ignición del combustible de los dos anillos de post-combustión.
El número dos hizo lo propio 20 segundos más tarde, sólo un momento antes de que él entrase en la capa de nubes que cubría el campo de vuelo. En ascenso a través de 10.000 pies se hizo la luz y el sol le obligó a bajarse la visera. Las comunicaciones con los controles se sucedían; tres países en apenas 15 minutos… y lo que quedaba.
El KC-10 esperaba en su sitio, aunque a un nivel distinto para evitar una zona de turbulencia. Aun así, la manguera no estaba precisamente estable, y tuvo que reunir una dosis extra de paciencia y concentración para evitar perseguirla en su movimiento ondulante. Al cabo de unos segundos, cesta y sonda hicieron contacto y el combustible empezó a entrar a razón de 1500 libras por minuto, llenando los depósitos de nuevo y extendiendo el tiempo que podrían combatir sobre los cielos de Inglaterra.
Pasó con “London Mil” en la frecuencia convenida y pidió vectores a su punto de espera. Algunos de sus compañeros de briefing estaban ya orbitando, cada uno a su altura: 2 AMX, 2 A-10, 4 F-15, 4 Tornado… después llegarían 6 F-16 MLU y un par de Jaguar… Menuda fiesta. Y en algún lugar a lo largo de las 200 millas que separaban la espera del objetivo les estaban esperando unos cuantos Mirage 2000 y Tornado ADV, que tratarían de impedirles soltar sus bombas sobre el polígono industrial que había que dejar fuera de combate.
Su estado mental iba cambiando conforme se acercaba el momento de librar el “Push”. La ruta, el reabastecimiento… todo requería concentración. Pero el combate era otra cosa. Desde que preparaba el avión para la guerra hasta que salía de la zona de combate su cerebro era un procesador de situaciones, posiciones, contactos y envolventes; un calculador de probabilidades y opciones de derribar o de ser derribado. No tenían escolta dedicada, así que iban delante del resto de cazas, junto con los F-15E, para echar una mano contra los “Red Air”. Cerca del blanco tendrían que “cambiar la ficha”, y convertirse en un bombardero puro.
Su punto iba en formación de combate; los radares barriendo el aire según el contrato pre-fijado. Apenas transcurrieron cinco minutos tras librar la espera cuando el controlador empezó a pasar los primero “bandits”, a varios niveles, unas 50 millas por delante. Los F-15 se repartieron el “bacalao” en frecuencia Aire-Aire y los primeros misiles empezaron a abandonar los railes de sus lanzadores. Todo iba de libro. Unos minutos después, se oyeron los primeros derribos. Mientras los Eagles continuaban hacia el objetivo, ahora ya más de 4 minutos por delante de la formación principal, el punto pasó otra amenaza no detectada:
- Green 2, contact, 260/15 miles, 14 angels, fast.
A por ellos. Ordenó formación ofensiva y puso rumbo a la amenaza. No podían dejar que se acercasen al paquete de ataque a una distancia que les permitiese emplear sus armas contra los bombarderos. Tenían que bajar y aprovecharon un pequeño hueco en el “overcast” que les había acompañado durante toda la ruta. Varias veces había estado allí y siempre le sobrecogía la misma sensación cuando aparecía la campiña inglesa bajo sus alas: la de otros pilotos con la misma imagen en sus ojos durante la Batalla de Inglaterra, tantos jóvenes entregando lo mejor de sus vidas en una época donde el honor y el valor no eran palabras vacías pronunciadas en un discurso, sino un credo demostrado día a día, en una batalla por la supervivencia propia y de la de toda una civilización.
Parecían dos contactos, en rumbo convergente a los “strikers”, el resto de bombarderos que volaban 10 millas por detrás. Quizá el empeño por conseguir el premio gordo les hizo no prestar atención a su F-18 y al de su punto, que tras apenas un minuto ya tenían contacto visual: 2 Mirage 2000C rumbo sur, en ofensiva. Se repartieron los contactos y dispararon, pero los cazas de ala en delta se revolvieron, sorprendidos por la llegada de los Hornet.
El cruce fue espectacular: él con el líder de la formación enemiga, virando cúpula contra cúpula, con la planta del Mirage recortada sobre los estratos grises. Su punto, con el punto enemigo, y con bastante ventaja ofensiva. Unos segundos después se oyó el Fox II sobre el “trailer” de los Mirage. Sólo quedaba uno y le estaba dando bastante guerra, así que se dedicó a hacer lo que dice el manual: presiona, no le dejes respirar, y espera a que tu colega te eche una mano. No tuvo mucho tiempo de disfrutar más del perfil de su enemigo desprendiendo estelas de condensación: otro Fox II y un ligero alabeo terminaron el pequeño enganche. Y los cazas se separaron hacia su punto de regeneración.
Ahora había que concentrarse en el objetivo. Reajustó la velocidad requerida para llegar a tiempo a su ventana, lo cual iba a suponer una buena cantidad extra de combustible dado el tiempo que habían perdido persiguiendo a los Mirage por el cielo inglés. Repasó lo que esperaba ver en su FLIR cuando seleccionase el blanco y el punto exacto en el que debería poner sus bombas. Y el resto transcurrió sin novedad…
El regreso, como siempre, resultó bastante más tranquilo. Había que ir reabsorbiendo la adrenalina, al menos hasta iniciar la aproximación. Quintos en secuencia de GCA con el campo en amarillo… Bienvenidos a centro Europa.
¡Cómo cambian los tiempos! Cazas españoles, franceses, ingleses, americanos, alemanes… enemigos acérrimos en mil guerras de otras épocas adiestrándose ahora juntos sobre los cielos de Europa.
Otros tiempos… mismos valores. Esperemos saber mantenerlos y transmitirlos.
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