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15/10/2012

Imposición de Condecoraciones en el Cuartel General del Ejército del Aire

Palabras del general del aire Fco. Javier García Arnaiz en el acto de Imposición de Condecoraciones en el Cuartel General del Ejército del Aire.

11 de septiembre de 2012

Salón de Honor del Cuartel General del Ejército del Aire (CGEA)


Queridos Amigos:

Quisiera en primer lugar daros las gracias por vuestra presencia en este Cuartel General del Ejército del Aire, vuestra casa, en cuyo Salón de Honor acabamos de llevar a cabo, como en otras múltiples ocasiones, la imposición de las condecoraciones correspondientes a las Medallas al Mérito Aeronáutico que fueron concedidas con motivo de la Onomástica de Su Majestad El Rey el pasado mes de junio, así como las de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo y las de la Constancia en el Servicio.

Las condecoraciones constituyen un reconocimiento al esfuerzo de compañeros que desarrollan una trayectoria profesional sin tacha y destacan individualmente en el cumplimiento del deber. Y además, ese reconocimiento lo hacemos públicamente para su satisfacción y orgullo y también para satisfacción y orgullo de todos los demás como Institución. Gracias a los hoy condecorados por constituiros en referente de compromiso y vocación de servicio a España.

Aun así, y cuando todavía queda el eco de vuestros nombres en vuestros oídos y en vuestros corazones el orgullo y la justa satisfacción del deber cumplido, no debéis olvidar en estos momentos, que estas distinciones son el resultado de un trabajo en equipo, ya que gran parte de estos merecidos éxitos individuales reside sin duda en el ejemplo y liderazgo de vuestros jefes y en la lealtad de vuestros compañeros y subordinados. Las condecoraciones que lucís orgullosos en vuestro uniforme son también un reconocimiento a ese trabajo colectivo y por lo tanto, de toda la institución militar sin cuyo concurso, no podríais haber destacado como dignos acreedores de ellas, que lo sois.

Hablando de liderazgo, hace unos días tuve el privilegio y satisfacción de asistir a uno de esos eventos que ocurren muy pocas veces en el trascurso de una vida, y fue la imposición de la Cruz Laureada de San Fernando Colectiva al Regimiento de Caballería Alcántara por su actuación y entrega durante la campaña de África en los años 20 del siglo pasado. Fue en concreto protegiendo la retirada de las tropas durante “el desastre de Annual”. Allí muchos entregaron su vida para salvar la de muchos otros con actos de verdadero heroísmo y sacrificio. El Teniente Coronel Fernando Primo de Rivera, hermano menor por cierto del que sería presidente del Directorio que se establecería dos años más tarde en el gobierno de España y que pertenecía al Regimiento Alcántara, antes de enviar a sus hombres a la carga se dirigió a ellos con un consigna muy simple: “Que cada cual cumpla con su deber”. Esta sencilla frase tuvo tal fuerza en su expresión y mostraba claramente la actitud que se debía tomar en tan grave momento, que los componentes del Regimiento, hombres de carne y hueso, sujetos a los mismos temores que cualquier otro, no dudaron ni un momento en identificar “cuál era su deber” y le siguieron hasta la muerte para impedir la de muchos otros.

Las condecoraciones que hoy hemos impuesto no han sido laureadas, pero se trata de condecoraciones que distinguen y destacan a los que se han hecho acreedores a ellas, porque además de ese heroísmo supremo que reconocimos hace unos días en el Patio de Armas del Palacio Real, existe ese otro heroísmo cotidiano, que es el que celebramos en este momento. Hoy no homenajeamos a caídos en combate sino a hombres y mujeres que cumplen con su deber todos los días, de una manera continuada y destacando en esa tarea.

Al mismo tiempo, quiero aprovechar esta ocasión para manifestar mi reconocimiento hacia los compañeros de las Fuerzas Armadas y de la Guardia Civil que nos acompañan, con los que compartimos la vocación de servir a España y los sacrificios que esto conlleva, y que nos muestran a diario su cercanía y apoyo. Con estas condecoraciones queremos agradecerles su trabajo y dedicación.

Para terminar mis palabras, reitero mi enhorabuena a todos los condecorados. Os animo a que sigáis trabajando como lo habéis hecho hasta ahora de manera que, más allá de las medallas que hoy lucís en el pecho, sean vuestros valores, esfuerzos y sacrificios los que adornen vuestro quehacer diario.

Pero sobre todo, permitidme que traslade esta felicitación y mi más sincero agradecimiento, a quienes más saben de de vuestra entrega al servicio de la Patria: a vuestras familias, esposas, hijos, maridos, novias y novios, pues sin su apoyo, cariño y comprensión nada de esto sería posible. Gracias por haberles apoyado tanto durante tanto tiempo. Por favor, seguid haciéndolo, todos lo necesitamos.

En fin, muchas gracias a los presentes por haber compartido estos momentos y haber querido ser testigos de un acto militar que nos llena a todos de orgullo. Gracias.

El Jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire (JEMA) haciendo entrega de condecoraciones en el Salón de Honor del Cuartel General del Ejército del Aire

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