Un año como jefe de Estado Mayor del Aire

Ha pasado poco más de un año desde que fui designado jefe de Estado Mayor del Ejército del Aire y quiero aprovechar la oportunidad que me brinda mes a mes este editorial para reflexionar brevemente acerca de la situación del Ejército del Aire.

Con estas líneas pretendo dar un mensaje positivo y optimista, teniendo en cuenta, no obstante, que es importante ser realistas para afrontar los retos que se nos presentan de manera adecuada.

Aún hoy, en el Ejército del Aire se notan las consecuencias de la crisis económica, que ha impactado en lo que considero mis áreas de prioridad: personal, capacidades y sostenimiento.

El personal en el Ejército del Aire es asunto recurrente en todos los foros en los que intervengo. En el editorial del mes pasado hacía unas breves consideraciones acerca de la importancia de las personas como piedra angular de nuestra institución, además de un pequeño análisis desde el punto de vista cuantitativo.

Me gustaría subrayar en esta ocasión lo que nos distingue de otras organizaciones, lo que nos une como aviadores y lo que nos hace ser quienes somos.

Hemos sido formados y educados en valores, que deben seguir cultivándose día a día. Somos ejemplo como personas y como militares ante otros ejércitos y ante la sociedad, y nos sentirnos orgullosos de vestir el uniforme de aviación. Es nuestro deber transmitir a nuestros compañeros y subordinados optimismo e ilusión, manteniendo siempre la moral alta y una actitud positiva.

El cumplimiento de la misión no está reñido con la preocupación permanente que debemos tener por el personal, por su calidad de vida y su bienestar, así como por su formación permanente, que debe comenzar por la formación militar y en valores, la formación aeronáutica, en lo que somos y para lo que servimos, en nuestra historia y precursores, y la formación específica de cada uno en su puesto de trabajo. Formación, que es elemento esencial para la operación del Ejército del Aire, ligada indefectiblemente a la tecnología e imprescindible para la seguridad de vuelo, condición irrenunciable en nuestras operaciones aéreas diarias.

Gracias a la evolución tecnológica, el Ejército del Aire tiene un peso específico dentro del conjunto de las Fuerzas Armadas que no tenía en décadas pasadas, convirtiéndose en un instrumento clave de la acción aeroespacial del Estado. En este sentido, nuestra labor se centra en mantener las capacidades actuales y preparar el relevo de las flotas que estén próximas a cumplir sus ciclos de vida. Además, nos enfrentamos a nuevos retos en el espacio, en el ciberespacio (y su defensa) y con la implantación y explotación de los sistemas aéreos tripulados a distancia.

Finalmente, dentro de mis áreas prioritarias está el sostenimiento, sobre el que se asienta la operatividad de los sistemas de armas y que tiene como objetivo final el cumplimiento de la misión con todas las garantías de seguridad de vuelo. La operatividad está íntimamente ligada al personal (formado para generar horas de vuelo), a la disponibilidad de recursos y al mantenimiento de infraestructuras. La recuperación de la crisis en este aspecto será lenta. La clara voluntad del Gobierno de aumentar los presupuestos deberá plasmarse en capacidades, modernización, sostenimiento e infraestructuras, pero también deberá ir dirigida al aumento de personal y a la mejora de sus condiciones de vida.

El Ejército del Aire necesita personal, dinero para recuperar y mantener las capacidades y tiempo para poder asegurar un stock de repuestos imprescindible para la operatividad de nuestras unidades.

Los cambios en el corto plazo son difíciles, pero está en nuestras manos identificar cuáles son los cambios necesarios y en las mías continuar con el propósito con el que empecé al asumir mi mandato: cambiar tendencias.

Quiero finalizar agradeciendo a todo el personal del Ejército del Aire vuestro trabajo, entrega y dedicación, convencido de que seguiréis trabajando con la ilusión que nos caracteriza a los aviadores. Agradecimiento que hago extensivo a todos los que nos han precedido, que tanto nos enseñaron y que construyeron los cimientos sobre los que se ha edificado el Ejército del Aire que tenemos hoy.

Soy optimista de cara al futuro. Ya tenemos un gran Ejército del Aire, pero además estoy convencido de que lo mejor está por llegar.